sábado, 21 de abril de 2007

No pisar la sangre derramada

http://www.eleco.com.ar/selarticulo2.php?idarticulo=92118


A las/los colegas y compañeras/os docentes:
Hoy me tocó protagonizar involuntariamente un hecho que no busqué.
El sábado, convocado por todas las inspectoras de Tandil, nos reunimos en el Bar Golden, de Pinto y 9 de julio una cantidad de directivos, docentes y organizaciones políticas, sociales y gremiales.
Decidimos marchar por algunas calles de la ciudad, en señal de duelo este lunes 9 de abril, saliendo desde el Monumento a la Memoria y regresando al mismo punto. Unos 4200 docentes y vecinos en general acompañaron la marcha.
En Tandil hay unos 3500 cargos, lo que habla de la importancia de la movilización.
Se acordó que quienes quisieran llevar sus banderas y pancartas las llevaran, quienes quisieran expresar su bronca con cánticos o instrumentos de percusión lo hicieran.
Al final de la marcha se leería la carta que escribió el compañero de Carlos Fuentealba, de Neuquén. Luego un minuto de silencio.
Cantaríamos el Himno Nacional Argentino. Y nos desconcentraríamos.
Se acordó explícitamente que los docentes Universitarios que modificaron su marcha para sumarse a esta convocatoria amplia y democrática leerían su comunicado. Se acordó que no habría adhesiones de agrupaciones, partidos, sindicatos.
No se acordó ninguna expresión religiosa, por eso el padre Raúl Troncoso también fue sorprendido en su buena fe.
Cuando ví, durante el acto que se leían adhesiones y se tergiversaba lo acordado me remití a continuar con el acto para el que los había convocado desde el Foro de CIE Tandil.
Ustedes me conocen vivo de mi trabajo docente, no tengo una estructura política ni gremial que me sostenga. Es decir, no represento ni dirijo a nadie.
No tenía micrófono, por eso tuve que hacerme oir de viva voz. Me sorprendí a mí mismo en esa situación ya que jamás en casi 30 años de docencia he levantado la voz.
No fui preparado para protagonizar una clase pública que tantos aprendizajes nos dejará y que quizá pueda operar como divisoria de aguas, sé que las opiniones son encontradas.
Lamento que los oportunistas hayan aprovechado el duelo, que nos tenía unidos, para sus propios fines.

Agradezco a quienes nos ayudaron, a los que organizamos esto, y fuimos sorprendidos en nuestra buena fe que pudieramos cantar el Himno mientras los que fueron con otras intenciones siguieron leyendo su panfletario "duelo". Inmediatamente nos retiramos.

Pido sinceras disculpas a los que creen que mi actitud fue destemplada y hasta "violenta", estaba movido por el duelo y el dolor que me provocaba la necedad de quienes se suben a la sangre del compañero fusilado para hacer sus mezquinas y pequeñas campañas de cortoplazo.

Es fácil saber de mí, nunca dejé la tiza, sigo trabajando en las aulas. Quienes no me conozcan pidan referencias a mis alumnos, a mis ex-alumnos, a mis compañeros de trabajo. Conocerán que yo no me lleno la boca defendiendo la educación pública, gratuita y democrática, me lleno la vida entera.

A las agrupaciones que se sintieron afectadas por mi decidida oposición no les pido disculpas, los invito, los desafío, a que convoquen una nueva marcha. Ustedes solos, así podrán leer sus adhesiones frente a la multitud que seguramente están en condiciones de movilizar espontáneamente.

No estaré ahí para pisotear la sangre derramada.

Raúl Guevara
Tandil, 9 de abril de 2007

NOTA: El diario La Voz de Tandil tituló: "Un grupo pidió que no se politizara",(?) , debe ser uno de los actos más politizados en que participó la docencia pública y privada juntos. Y, la verdad, este no es "un grupo", parece que es la marcha entera. En ese momento no me dí cuenta porque estaba en el ojo del huracán. Soy el "desaforado" que está cantando el himno en el medio de mis compañeros de Tandil.







lunes, 9 de abril de 2007

Duelo, en los suburbios del mundo.









DUELO.



En unas horas marcharé con mis compañeras por las calles del centro de Tandil. Saldremos del Monumento a la Memoria y allí regresaremos, para no olvidar.
Han fusilado a un profe, como nosotros.
Ya había sido juzgado, sumariamente condenado, alegremente ejecutado con un disparo en la nuca.
Carlos Fuentealba tenía la determinación de luchar por una mejora en la situación salarial del gremio docente y la ilusión de cambiar la educación en su provincia, trabajaba en una escuela de los suburbios, en la capital de Neuquén, una provincia de los suburbios argentinos. En esta Argentina de los suburbios del mundo.
Marcharemos con nuestra cinta negra en las solapas. Avisaremos en nuestras escuelas que esto no es una huelga, es una jornada de duelo, de impotencia.
Nos han ensangrentado las aulas.
Nos han lastimado el alma.
Leeremos, al final, la carta que le escribió un compañero de sus luchas, haremos un minuto de silencio, cantaremos el Himno.
No leeremos ninguna adhesión de los que quieren subirse a la sangre de Carlos para sus campañas de ocasión.
Hoy no será día para dirimir responsables políticos o gremiales, no será día de sellos en papeles escritos con las muletillas militantes descoloridas, hoy será un día para reemplazar las palabras trilladas y huecas por maestras en las calles, plenas de dolor, de impotencia, de furia, de conciencia.

Raúl Guevara